24/08/09

Original Ibiza





En los años 60 Ibiza se convirtió en un refugio europeo del movimiento hippie. La isla desbordaba libertad y desenfado creando, de este modo, un estilo nuevo de pensamiento tolerante: Vive y deja vivir.Esto atrajo cada vez a más visitantes amantes de la vida bohemia que acababan asentándose por largas temporadas en la mística isla.

La artesanía popular ibicenca, basada en los elementos básicos naturales que ofrecía la tierra tales como el pino, la sabina, la arcilla, piedras, esparto y la caña, ha sido creada por las manos de payeses y pastores fabricando así productos de gran belleza por su sencillez. Las “espardenyes” hechas de esparto y fibra de agave, “cistellons”, “capells”, “faldellins”, flautas, tambores payeses y castañuelas se iban mezclando poco a poco con las artesanías de otros pueblos visitantes.

De este modo nació en Ibiza la cultura de los mercadillos hippies que se han convertido en una atracción turística más.El mercadillo de las Dalias es un exótico rincón en uno de los pueblos más rústicos de la isla: San Carlos.Sus diversos puestos exhiben gran variedad de productos. Desde bisutería, ropa, sandalias, instrumentos musicales hechos a mano, CDs de música étnica, telas decorativas, y un largo etc... En un entorno ajardinado con jaimas donde relajarse y tomar una copa o un tentempié. También amenizan las veladas con algún espectáculo. El más famoso es el de Namasté: Un deleite de música étnica y fusión electrónica.




El mercadillo de Es Canar es el más visitado y el más grande en extensión y puestos. Cada miércoles es testigo del paso de cientos de personas de diferentes nacionalidades. Hay restaurantes y terrazas donde reposar un poco antes de emprender de nuevo el recorrido.

En el mercadillo de Sant Jordi pueden encontrar toda clase de artículos usados. Desde cafeteras, libros, herramientas, y muebles. Se busque lo que se busque es difícil no encontrarlo en este curioso mercadillo.

El puerto de Ibiza nos ofrece un recorrido por sus laberínticas callejuelas de un sinfín de puestos y tiendecitas que invitan a perderse y merodear. Es prácticamente imposible pasar por allí sin acabar comprando algo.

En casi cada pueblo de la isla hay un mercadillo un día u otro, así que disfruten comprando sus regalos de un modo original y divertido.